Ausencia y regreso

La escritura me llama, pero cuando me siento las palabras me faltan.En parte instinto y en parte decisión, me hicieron dejar los proyectos que el año pasado apenas pondría en marcha y con ello, dejé de escribir.

Y es que el cambio que está por venir se siente demasiado grande como para ponerlo en palabras. Así que decidí dejarlo un tiempo: mientras mi cuerpo, mi mente y mi alma se adaptan.

Pero conforme Dante se acerca la escritura me llama.

Quiero intentarlo todo y a la vez nada. Enfocarme en ser la mejor versión que pueda para él. Y al mismo tiempo, no prometer nada. No sé cómo será esta casa una vez que Victor y yo lleguemos con un bebé en nuestros brazos, sé que volveré a escribir,  pero no sé con qué frecuencia, ni en que estaré enfocada.

Lo único que puedo decir por hoy es que la escritura me llama, las palabras me faltan y  Dante se acerca.

Saber que se puede

Continuando una serie de entradas que alude a Color esperanza, me gustaría hablar de una actitud esencial en la consecución de nuestros sueños y anhelos: “Saber que se puede”.

Sí, realmente se puede.

Como Rafael Echeverría (autor del Coaching Ontológico) lo explica, el ser humano es un ser cambiante que cada día se define por sus  acciones, sus actitudes y su lenguaje.

Quién eres y cómo eres no está definido de forma definitiva, cuando tú elijas cambiar tu comportamiento lo puedes hacer. Esta es  una idea empoderadora: puedes ser diferente a como eras ayer, puedes actuar diferente, puedes realizar acciones y comenzar a tener actitudes que te ayuden a manifestar ese  sueño.

¿Qué significa entonces la frase “Saber que se puede”?: Créertela.

Es cierto que creer en uno mismo no garantiza  un resultado, ni mucho menos significa  la ausencia de retos. Créertela significa que aún y a pesar de los retos, crees en tu capacidad para sobrellevarlos, para superarlos y para llevar a cabo tus sueños. Confías en ti y en el camino que has elegido.

Y esa confianza hace la diferencia entre aquellos que renuncian a la primera dificultad y aquellos que perseveran. Antier, mientras miraba Chef Table admiraba la  capacidad de cada uno de estos Chefs para creer en ellos, en confiar en que habían encontrado el camino adecuado para ellos mismos  y cómo esto les ayudo a sostenerse cuando vinieron las dificultades.

 

Cree en ti. 

Cuando tienes un sueño y realmente anhelas hacerlo, cree  en ti. Los miedos  vendrán, porque con cada cambio y con cada decisión importante lo natural, es que el miedo se avecine. Pero si ese anhelo de verdad parte del corazón (o del alma) cree en ti y en tu capacidad para ejecutarlo.

Si tu corazón te lo pide, es porque  él ya ha  visto en ti la capacidad para lograrlo. Honra su confianza en tí, confiando en él.

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Sé que lo imposible se puede lograr

Este es un recordatorio que me hago constantemente. Cuando decidí dejar mi empleo para apostar por mi propio proyecto era consciente de la gran mayoría de los retos que tendría que afrontar: solidificar mi disciplina, comprometerme con mi propia  visión y afrontar el riesgo financiero que esto implica.

 

Pero mi mayor reto ha sido el lidiar con mi visión, creer en ella, creer en mi. Tener la confianza de que si mi corazón ha decidido seguir cierta dirección es porque él percibe  la capacidad que hay en mi y desea ponerla en servicio de los demás. Tener fe en mi y en la vida.

Ha sido el mayor reto porque cada una de esas creencias es perseguida por uno o más miedos que me dicen “¿y si no…?” y me muestran el peor de los escenarios.  Los riesgos de cada decisión: “¿y si mi visión me está desviando de lo correcto?” o “¿si es la correcta pero la forma en que decido ejecutarla es la incorrecta?”… “¿y si fracaso? ¿y si tengo éxito?”

Pero hoy, elijo creer en mi, en mi visión y disciplina. Apuesto en mi.

Y hoy, espero y anhelo, que cada vez haya mas personas que cuando apuestas en ti, la vida también lo hace. Por que, como esa canción que me ayuda a motivarme bien lo ha dicho:

¡Sé que lo imposible se puede lograr!

 

La estructura me elude (no más)

La estructura me elude y hoy comienzo ese camino en el que busco construir mi propia estructura: un plan, un horario y disciplina a los mismos.

He dejado sólo el blog por suficiente tiempo, primero por trabajo y después por que al dejar mi empleo también dejé la estructura que el mismo me aportaba. Pero aquí sigo, con la intención constante de aprender y compartir.

Hoy confronto lo eludido y me construyo una estructura propia, una que no me proveerá un empleo, si no mi propio compromiso. Nos leemos pronto.

 

La prosperidad

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Hace poco escuché a alguien decir: “Cuando alcanzas la verdadera prosperidad todo lo que necesitas viene a ti en cada momento que lo necesitas,no tienes que pensarlo ni buscarlo.” 
Es importante tomarnos un momento, un respiro; apartarnos de la vorágine que es la vida, esa que nos demanda y nos hace desear una cosa tras otra. Detente y observa la prosperidad en tu vida.
Algunas veces las constantes demandas de la vida, los constantes deseos de superación y crecimiento pueden engañarnos y hacer que nos enfoquemos en la carencia, aquello que “nos falta” tener/lograr. Desde mi punto de vista, aún aquellos que ven carencia tienen una vida próspera, es solo que aún no se han dado cuenta.
Aquello que deseamos no necesariamente es lo que necesitamos, y por lo tanto, la prosperidad no es tener todo lo que deseamos.

Conecta los puntos (parte 2)

Debes de confiar que los puntos se conectarán…

Todos podemos conectar los puntos cuando miramos hacia nuestro pasado y observamos todo el camino que hemos recorrido. Pero no puedes hacer eso con el presente. No podemos ver los frutos que nuestro presente tendrá en el futuro.

Cuando estás en medio de una situación dolorosa, antes de juzgarla como una “mala” experiencia recuerda que en el futuro descubrirás para qué estaba ocurriendo.

No digo que no debas sentir dolor, no digo que no llores. Si te duele, siéntelo; si deseas llorar, llora. Pero mientras lloras trata de mantener esta consciencia: “sé que todo es para bien, aún no sé cómo, pero esto también es para bien”.

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Trata de sostener este pensamiento. Habrá ocasiones en que no puedas, el hábito de juzgar las cosas como malas y generar pensamientos aún más trágicos pueden ser muy fuertes; el hábito de querer entender por qué y para qué pueden ponerse en el camino.

Cuando esto ocurra, vuelve a intentarlo. Una y otra vez. Confía en que todo será para bien.

Confía en tu instinto, en la vida, en tu capacidad para sacarle provecho a la situación y entonces repítete: “Aún no sé cómo, pero esto también es para bien”.

CONECTA LOS PUNTOS

Es muy probable que tengas al menos una experiencia que recuerdes de hace 5, 10 o 15 años que en su momento se te hizo difícil y ahora agradeces que te haya ocurrido ¿cierto?

Mirando hacia atrás puedes conectar los puntos en tu vida.

Recuerdo mi adolescencia… cuando por “amor” (o lo que yo entendía como amor) me vertí en cartas y poemas; me esperancé; me desilusioné y lloré. Por amor… estuve (o intenté estar) con personas que no me correspondían.

Un día, me observé a mí misma junto a una persona cuya compañía no disfrutaba. Una persona que me mintió, me trató de engañar y con quien no tenía nada en común.  Apenas lo respetaba y con mucho esfuerzo le toleraba.

¿Cómo es que terminé compartiendo mi tiempo con alguien así? ¿Me habían roto tanto el corazón que estaba dispuesta a quedarme con lo que sea que la vida me pusiera en el camino?

El día que le dije que no lo vería nunca más, fue con una determinación que iba más allá de la relación entre él y yo. Decidí reconectar con mi dignidad como un ser humano completo: un individuo que puede generar su propia dicha.

Aun no tenía todo resuelto, confieso que tenía miedo de “quedarme sola”, quizá ningún otro chico u hombre se volvería a interesar románticamente en mí. Y yo decidí correr el riesgo. Estaba dispuesta a pagar el precio de mi decisión.

Poco después de esa decisión, las cosas cambiaron. Ahora estoy con alguien a quien admiro, en una relación que me inspira a ser mejor.

Hoy conecto los puntos: de adolescente viví mucho dolor por desamor y fue tanto el dolor de no cambiar que decidí cambiar mi patrón de conducta. Decidí estar dispuesta a estar conmigo, quererme y hacerme responsable de mis propios sentimientos. Y lo que construí a partir de esa decisión me permitió crear un nuevo patrón de lo que yo entendía como amor.

Hoy sé que yo no habría aprendido todo esto, si no hubiese sido por esas experiencias dolorosas. Hoy sé que todo eso fue para bien.

Todo es para bien

En la vida, a todos se nos presentan retos. Cada quien tiene retos diferentes, pero todos los tenemos. Y a veces podemos sentir que nos pasan “cosas malas”, cuando éstas no son agradables. Pero ¿realmente lo son?

Si lo piensas… ¿Cuántas cosas maravillosas han ocurrido en tu vida gracias a esas experiencias que llamabas “malas”?

La re-significación de las experiencias 

Piensa en experiencias que, en su momento (hace 5, 10 o 15 años) juzgaste como “malas” y al final, te condujeron a un mejor lugar en la vida.

Para ayudarte con esto, te propongo el siguiente ejercicio:

  • Escribe de dónde vienes (si puedes, llena una página)
    • Si lo deseas enfócate en una experiencia específica.
  • Escribe “Y esto tiene sentido porque…” (después de escribir de dónde vienes)
  • Y escribe cómo esa experiencia te hizo ser quien eres.

Ahora que el dolor se ha ido y estás fuera de la situación puedes ver cómo esa experiencia te hizo ser una persona ________.

Puede ser que te hiciera más fuerte; más sensible; más amable; cariñosa (o); disfrutar el presente; tener más disciplina; disfrutar de tu soledad; valorar a las amistades auténticas; etc.

Si el ejercicio te conduce a una conclusión como ésta, entonces quizá se más fácil entender que todo es para bien.

Y no se trata de decir “lo que no te mata te fortalece”,  de manera trivial; tampoco de ir por la vida como mártir llamando al dolor porque “que al cabo que es para bien”.

Mi objetivo hoy es reflexionar acerca del proceso de transformación al que el dolor nos somete.

El dolor nos ayuda a transformarnos.

Karen Berg dice que las personas cambiamos sólo cuando el dolor de permanecer igual es más grande que el dolor de cambiar.

Pero esto ocurre solo cuando el dolor es acompañado de un sentido de responsabilidad sobre nuestra propia vida, el cual nos conduce a la acción: “ésta situación me causa tanto dolor, que estoy dispuesta a cambiar. Me hago cargo de mi vida, yo cambio, mi situación cambia y el dolor se va.”

Así pues… todo es para bien. Aun las experiencias más dolorosas.

Y tú ¿Qué situación viviste que en su momento juzgaste como mala? ¿qué significado tiene ahora para ti?

La Meditación

No es poner la mente en blanco.

Muchas personas (incluyéndome) antes de haber realizado alguna meditación, piensan o llegamos a pensar que la meditación consiste en poner la mente en blanco. Y es que, probablemente hemos escuchado a muchas personas en los medios de comunicación, diciendo que poner la mente en blanco les ayuda.

Sin embargo, una vez que comienzas a realizar una meditación los pensamientos parecen apresurarse sobre ti a velocidad ilimitada, y “de repente” te encuentras pensando en la lista del mandado.

Meditar

Lo malo de esta creencia de “poner la mente en blanco” son las suposiciones que podemos tener cuando el montón de pensamientos vienen a nosotros, como que algo podría estar mal conmigo o de plano, no estoy “hecho” para meditar.

Qué sí es la meditación

En mi experiencia, la meditación es estar conmigo: ser, sentirme, observarme y estar. Y lo que he alcanzado a través de ella y esa observación (que hago durante la meditación) ha sido aprender a dejar pasar los pensamientos.

Y es que, como dice una maestra,”La mente está hecha para crear miles de pensamientos”. Y yo no soy mi mente, el que un pensamiento pase por mi cabeza no significa que yo tengo que actuar o reaccionar en base a ese pensamiento, tampoco significa que yo tengo que aferrarme a él (y quedarme pensando y pensando en ese tema)… muchos menos significa que yo soy ése pensamiento.

No puedo dejar de pensar.

Los pensamientos van a pasar, van a pasar muchos de ellos, yo no tengo control sobre eso. Pero tengo control sobre mi. Yo decido mantenerme . Decido no moverme cada que un pensamiento me lo pida.

En cualquier momento -durante la meditación, en medio de una conversación, mientras realizo una tarea – podrán venir pensamientos de renuncia, de abandonar la tarea, de olvidar con qué propósito había comenzado. Y yo me mantengo en mi propósito.

Cómo me ha ayudado…

No ignoro mi pensamiento, pero puedo elegir a qué pensamiento prestarle atención y cuál hay que dejar pasar. Eso es lo que la meditación continua me ha permitido.

Esa es mi experiencia personal. ¡Si tienes un distinta me encantaría conocerla!

Y si nunca has meditado y un día decides hacerlo, espero que te ayude el saber que meditar no es poner tu mente en blanco.