Mantente

“Mantente” esta es una palabra recurrente en las prácticas de Yoga. Muchas prácticas implican poco movimiento, algunas veces los ejercicios o posturas varían solamente en la posición de los brazos, la cabeza y la respiración y durante todos ellos debes mantenerte en postura fácil.

Ya les había contado que una postura fácil puede volverse todo un reto, después de varios minutos (cada quien tendrá tiempos distintos) puede doler. Además la mente es veloz e inquieta, así que en la quietud del cuerpo y el entorno los pensamientos agolpan, o “de casualidad” me da comezón en la oreja, la pierna se siente raro, empieza a haber más ruido… en fin. La agilidad de la mente busca que me mueva.

 

Y justo ahí el maestro nos dijo: 
“Mantente, comprométete con algo”.

Y esa frase resonó fuertemente en mi ser.

Y es que no es casualidad que en las sesiones de Yoga, haya momentos de quietud, justamente existen para retarnos (o retar a nuestra mente inquieta), para darnos fortaleza, disciplina, compromiso. Pues éso es compromoterse: mantenerte en el camino que elegiste, sostener tu decisión en los momentos en que ya no es tan fácil.

Así, cuando estás en un ejercicio que empieza a doler, a incomodar o inquietar; cuando el pensamiento te dice que te detengas, cuando su agilidad y astucia te convencen de desistir; solo en ese instante es cuando tenemos la oportunidad de conocer y demostrar nuestro compromiso.

Y al final, estarás satisfecho de

haberte mantenido firme en tu decisión. Una decisión que al final de cuentas ya habías tomado, una decisión que vuelves a tomar una y otra vez, cada que te sientes incómoda.  

Compromiso - Copy

Mantenerte cuando es fácil no es compromiso, es comodidad.

Así pues, yo me mantengo en mi decisión, en mi postura. Y después de eso el dolor disminuye, el sufrimiento desaparece… o no, a veces no.

La postura fácil y la aceptación

Hace poco más de un mes, una chica que también practica yoga me dijo: “Para mi la postura fácil no es nada fácil” y las dos reímos “Por fin sé que no estoy sola” le respondí entusiasmada.

Si me preguntan a mi, aún no sé porque le llaman “fácil”. Quizá sea porque no requieres ni calentamiento, ni elasticidad para lograrla; tampoco necesitas tener experiencia previa en Yoga para poder hacerla. Pero, como les compartía hace unos días: después de unos minutos es todo un reto sostenerla.

Cuando ésta chica me hizo ese comentario, yo sentí cierto alivio, pero no demasiado: he cruzado palabra con decenas de personas que practican yoga y ella era la primera que admitía ésto. Así que entre decenas de personas que practican yoga, solamente somos dos chicas que por alguna razón “sufrimos” esta postura.

Después de ésto, se me metió a la cabeza una idea: “Creo que la estoy haciendo mal. No debería de dolerme ni costarme tanto trabajo” y entonces, a veces – en medio de una sesión de yoga – yo abría un ojo y miraba al frente, al lado o al maestro pensando “A ver, ¿como lo están haciendo?” y me movía. Intentaba con el pie derecho adelante, con los pies más cerca de la entrepierna, empujando más las rodillas hacia el piso. Pero aunque la sensación cambiaba, un minuto después me costaba trabajo mantener la postura.

 

no es el dolor

La tortura no es el dolor, si no la mente queriendo que termine.       – Foto de Asif Akbar.

 

“La postura fácil, es bastante difícil de sostener” dijo el maestro al iniciar una clase. Ése día todo cambió. Entendí que el dolor, la incomodidad, las ganas de moverme, el entumecimiento eran parte del proceso; comprendí que no era porque yo lo estuviera haciendo mal.

 

Acepté todas esas sensaciones como parte de la experiencia. Entonces el dolor disminuyó en gran medida, pero además ya solo era eso: dolor. Era un dolor envuelto de paz. Es decir, yo ya no “sufría” al hacer la postura.

 

Entendí que el sufrimiento provenía de mi inquietud por parar el dolor, por hacer la postura “perfecta”: una postura que no duela, que sea fácil, que no incomode, que mis piernas no se entuman, que no me cueste esfuerzo mantener la espalda recta, etc. Una vez que entendí que eso no existía, el sufrimiento se desvanecía.

 

Así, entiendo cómo en muchos aspectos de la vida me he generado sufrimiento justamente por buscar evitar la simple incomodidad que implican las cosas “que no me gustan” o por eliminar el dolor. 

 

Recuerda:
“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”

La Postura Fácil

En el Yoga existe una postura a la que le llaman ”

postura fácil“. Se utiliza para la gran mayoría de las meditaciones y para iniciar la práctica (al menos en Kundalini Yoga), ya que beneficia la concentración.

Ejemplo de postura fácil

Como pueden ver en la imagen, la postura es sumamente básica y sencilla, cualquiera la puede hacer. Incluso es probable que cuando tú te sientes en el piso, justamente cruces las piernas de esa manera.

Cómo se hace:

  • Siéntate en el suelo.
  • Cruza las piernas.
  • Si puedes: coloca un pie debajo de la rodilla opuesta, y el pie que quedó extendido llévalo debajo de la otra rodilla. 
  • Cuida que tu columna esté alineada.
  • Descansa las manos sobre las rodillas.

Qué ayuda:

  • Presiona un poco la espalda baja hacia adelante. Pero, sólo un poco. Esto te ayudará a mantener la espalda alta recta.
  • Usar un cojín alto. Si tus rodillas no bajan tanto, esto puede ayudar a que tu cadera quede a una altura más cercana a la de las rodillas.
El reto

Simple de hacerse, ¿no? Sin embargo, después de unos segundos o minutos (según el aguante de cada quién), la postura ya no se siente tan “fácil”, se vuelve todo un reto mantener las piernas en la postura, la espalda recta y la cabeza alineada (que no se haga para atrás ni para adelante).

Puedes llegar a sentir en tus piernas: temblor, entumecimiento o un hormigueo. Quizá un poco de dolor en la espalda y cansancio. Puede ser porque no estás acostumbrado a estar sentado de esa forma o mantener la espalda recta.

Así que si haces Yoga o meditación y experimentas cualquiera de éstas incómodas sensaciones, ya sabes que todo esto es normal y simplemente es cuestión de práctica para que tu cuerpo poco a poco se acostumbre.

Si tú haces Yoga dime… ¿llegaste a sentir alguna de estas sensaciones?

Mis Metas suspendidas

Quiero aclarar que aunque éste ha sido el año en que no cumplí mis metas, no quiero decir que abandonar tus metas deba ser algo cotidiano, tampoco creo que uno deba andar por la vida sin convicciones.

Para mi, ha sido un proceso de re-ajuste: evaluación del plan y sus resultados y tomar medidas al respecto.  Al evaluar, lo que estaba buscando me di cuenta de que varias cosas no estaban funcionado. Por ejemplo: yo me sentía abrumada todo el tiempo por las expectativas que yo misma había puesto sobre mi; muchas de las metas dependían de otras personas y no dependían realmente de mi.

 
Y es que, en mi caso, la meta era muy alta y la estrategia demasiado agresiva; ya que me había propuesto que cada decisión que tomara aportara a ésa meta principal. Si algo me atraía pero no aportaba a esa “meta máxima” yo lo descartaba, aún cuando era algo que deseaba y que sabía que sí aportaría a mi vida.

Por este y otros motivos, al evaluar toda esta situación decidí que – aunque lograr tus metas es importante y gratificante – me enfocaría en lo que realmente es importante: disfrutar la vida.

Y para ello, yo necesitaba hacer al menos dos cosas: la primera fue relajar mis planes, suspender mi persecución a metas que (en mi estrategia) no dejaban cabida a nada más; la segunda, re-conectar con las cosas que disfruto hacer (escribir, aprender algo que me gusta, volver a hacer postres). 

Una vez suspendidas las metas, hubo cabida para la re-conexión con mi gozo. Una vez re-conectando con las cosas que disfruto, ocurrió lo grandioso: animarme a escribir un blog, estudiar un diplomado en yoga, descubrir nuevas posibilidades para mi presente y mi futuro.

El día de hoy mis metas están suspendidas; aún las considero una posibilidad. Sin embargo, éste “pequeño” cambio me ha dado otra perspectiva.Y por ello, la Azul de hoy, no está del todo segura de que anhela lo mismo que la Azul de hace un año anheló. 

Aun no sé, hoy sé que mis metas son un buen punto de referencia en el camino, una posibilidad; pero también sé que aferrarme a una meta me limita: las posibilidades son infinitas.