Todo es para bien

En la vida, a todos se nos presentan retos. Cada quien tiene retos diferentes, pero todos los tenemos. Y a veces podemos sentir que nos pasan “cosas malas”, cuando éstas no son agradables. Pero ¿realmente lo son?

Si lo piensas… ¿Cuántas cosas maravillosas han ocurrido en tu vida gracias a esas experiencias que llamabas “malas”?

La re-significación de las experiencias 

Piensa en experiencias que, en su momento (hace 5, 10 o 15 años) juzgaste como “malas” y al final, te condujeron a un mejor lugar en la vida.

Para ayudarte con esto, te propongo el siguiente ejercicio:

  • Escribe de dónde vienes (si puedes, llena una página)
    • Si lo deseas enfócate en una experiencia específica.
  • Escribe “Y esto tiene sentido porque…” (después de escribir de dónde vienes)
  • Y escribe cómo esa experiencia te hizo ser quien eres.

Ahora que el dolor se ha ido y estás fuera de la situación puedes ver cómo esa experiencia te hizo ser una persona ________.

Puede ser que te hiciera más fuerte; más sensible; más amable; cariñosa (o); disfrutar el presente; tener más disciplina; disfrutar de tu soledad; valorar a las amistades auténticas; etc.

Si el ejercicio te conduce a una conclusión como ésta, entonces quizá se más fácil entender que todo es para bien.

Y no se trata de decir “lo que no te mata te fortalece”,  de manera trivial; tampoco de ir por la vida como mártir llamando al dolor porque “que al cabo que es para bien”.

Mi objetivo hoy es reflexionar acerca del proceso de transformación al que el dolor nos somete.

El dolor nos ayuda a transformarnos.

Karen Berg dice que las personas cambiamos sólo cuando el dolor de permanecer igual es más grande que el dolor de cambiar.

Pero esto ocurre solo cuando el dolor es acompañado de un sentido de responsabilidad sobre nuestra propia vida, el cual nos conduce a la acción: “ésta situación me causa tanto dolor, que estoy dispuesta a cambiar. Me hago cargo de mi vida, yo cambio, mi situación cambia y el dolor se va.”

Así pues… todo es para bien. Aun las experiencias más dolorosas.

Y tú ¿Qué situación viviste que en su momento juzgaste como mala? ¿qué significado tiene ahora para ti?

La Meditación

No es poner la mente en blanco.

Muchas personas (incluyéndome) antes de haber realizado alguna meditación, piensan o llegamos a pensar que la meditación consiste en poner la mente en blanco. Y es que, probablemente hemos escuchado a muchas personas en los medios de comunicación, diciendo que poner la mente en blanco les ayuda.

Sin embargo, una vez que comienzas a realizar una meditación los pensamientos parecen apresurarse sobre ti a velocidad ilimitada, y “de repente” te encuentras pensando en la lista del mandado.

Meditar

Lo malo de esta creencia de “poner la mente en blanco” son las suposiciones que podemos tener cuando el montón de pensamientos vienen a nosotros, como que algo podría estar mal conmigo o de plano, no estoy “hecho” para meditar.

Qué sí es la meditación

En mi experiencia, la meditación es estar conmigo: ser, sentirme, observarme y estar. Y lo que he alcanzado a través de ella y esa observación (que hago durante la meditación) ha sido aprender a dejar pasar los pensamientos.

Y es que, como dice una maestra,”La mente está hecha para crear miles de pensamientos”. Y yo no soy mi mente, el que un pensamiento pase por mi cabeza no significa que yo tengo que actuar o reaccionar en base a ese pensamiento, tampoco significa que yo tengo que aferrarme a él (y quedarme pensando y pensando en ese tema)… muchos menos significa que yo soy ése pensamiento.

No puedo dejar de pensar.

Los pensamientos van a pasar, van a pasar muchos de ellos, yo no tengo control sobre eso. Pero tengo control sobre mi. Yo decido mantenerme . Decido no moverme cada que un pensamiento me lo pida.

En cualquier momento -durante la meditación, en medio de una conversación, mientras realizo una tarea – podrán venir pensamientos de renuncia, de abandonar la tarea, de olvidar con qué propósito había comenzado. Y yo me mantengo en mi propósito.

Cómo me ha ayudado…

No ignoro mi pensamiento, pero puedo elegir a qué pensamiento prestarle atención y cuál hay que dejar pasar. Eso es lo que la meditación continua me ha permitido.

Esa es mi experiencia personal. ¡Si tienes un distinta me encantaría conocerla!

Y si nunca has meditado y un día decides hacerlo, espero que te ayude el saber que meditar no es poner tu mente en blanco.