Redescubro el mundo

Cada día redescubro el mundo a través de sus ojos, me reencuentro con la maravillosa y fascinante realidad.

A través de sus manos y de cómo estás tiemblan un poco mientras él hace su mayor esfuerzo por levantarlas, por controlarlas mientras trata de alcanzar lo que tiene enfrente.

Cada día él esboza un nuevo sonido y encuentra nuevas formas de expresarse y a mí se me llena el corazón y se me renueva la mirada con la que percibo el mundo.

Me sonrio con cada sonrisa, con cada nueva inflexión de la palabra “agu” y con cada uno de los descubrimientos que hace él de su propio cuerpo.

Te lo juro que cada día redescubro el mundo a través de sus ojos.

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La estructura me elude (no más)

La estructura me elude y hoy comienzo ese camino en el que busco construir mi propia estructura: un plan, un horario y disciplina a los mismos.

He dejado sólo el blog por suficiente tiempo, primero por trabajo y después por que al dejar mi empleo también dejé la estructura que el mismo me aportaba. Pero aquí sigo, con la intención constante de aprender y compartir.

Hoy confronto lo eludido y me construyo una estructura propia, una que no me proveerá un empleo, si no mi propio compromiso. Nos leemos pronto.

 

CONECTA LOS PUNTOS

Es muy probable que tengas al menos una experiencia que recuerdes de hace 5, 10 o 15 años que en su momento se te hizo difícil y ahora agradeces que te haya ocurrido ¿cierto?

Mirando hacia atrás puedes conectar los puntos en tu vida.

Recuerdo mi adolescencia… cuando por “amor” (o lo que yo entendía como amor) me vertí en cartas y poemas; me esperancé; me desilusioné y lloré. Por amor… estuve (o intenté estar) con personas que no me correspondían.

Un día, me observé a mí misma junto a una persona cuya compañía no disfrutaba. Una persona que me mintió, me trató de engañar y con quien no tenía nada en común.  Apenas lo respetaba y con mucho esfuerzo le toleraba.

¿Cómo es que terminé compartiendo mi tiempo con alguien así? ¿Me habían roto tanto el corazón que estaba dispuesta a quedarme con lo que sea que la vida me pusiera en el camino?

El día que le dije que no lo vería nunca más, fue con una determinación que iba más allá de la relación entre él y yo. Decidí reconectar con mi dignidad como un ser humano completo: un individuo que puede generar su propia dicha.

Aun no tenía todo resuelto, confieso que tenía miedo de “quedarme sola”, quizá ningún otro chico u hombre se volvería a interesar románticamente en mí. Y yo decidí correr el riesgo. Estaba dispuesta a pagar el precio de mi decisión.

Poco después de esa decisión, las cosas cambiaron. Ahora estoy con alguien a quien admiro, en una relación que me inspira a ser mejor.

Hoy conecto los puntos: de adolescente viví mucho dolor por desamor y fue tanto el dolor de no cambiar que decidí cambiar mi patrón de conducta. Decidí estar dispuesta a estar conmigo, quererme y hacerme responsable de mis propios sentimientos. Y lo que construí a partir de esa decisión me permitió crear un nuevo patrón de lo que yo entendía como amor.

Hoy sé que yo no habría aprendido todo esto, si no hubiese sido por esas experiencias dolorosas. Hoy sé que todo eso fue para bien.

La Meditación

No es poner la mente en blanco.

Muchas personas (incluyéndome) antes de haber realizado alguna meditación, piensan o llegamos a pensar que la meditación consiste en poner la mente en blanco. Y es que, probablemente hemos escuchado a muchas personas en los medios de comunicación, diciendo que poner la mente en blanco les ayuda.

Sin embargo, una vez que comienzas a realizar una meditación los pensamientos parecen apresurarse sobre ti a velocidad ilimitada, y “de repente” te encuentras pensando en la lista del mandado.

Meditar

Lo malo de esta creencia de “poner la mente en blanco” son las suposiciones que podemos tener cuando el montón de pensamientos vienen a nosotros, como que algo podría estar mal conmigo o de plano, no estoy “hecho” para meditar.

Qué sí es la meditación

En mi experiencia, la meditación es estar conmigo: ser, sentirme, observarme y estar. Y lo que he alcanzado a través de ella y esa observación (que hago durante la meditación) ha sido aprender a dejar pasar los pensamientos.

Y es que, como dice una maestra,”La mente está hecha para crear miles de pensamientos”. Y yo no soy mi mente, el que un pensamiento pase por mi cabeza no significa que yo tengo que actuar o reaccionar en base a ese pensamiento, tampoco significa que yo tengo que aferrarme a él (y quedarme pensando y pensando en ese tema)… muchos menos significa que yo soy ése pensamiento.

No puedo dejar de pensar.

Los pensamientos van a pasar, van a pasar muchos de ellos, yo no tengo control sobre eso. Pero tengo control sobre mi. Yo decido mantenerme . Decido no moverme cada que un pensamiento me lo pida.

En cualquier momento -durante la meditación, en medio de una conversación, mientras realizo una tarea – podrán venir pensamientos de renuncia, de abandonar la tarea, de olvidar con qué propósito había comenzado. Y yo me mantengo en mi propósito.

Cómo me ha ayudado…

No ignoro mi pensamiento, pero puedo elegir a qué pensamiento prestarle atención y cuál hay que dejar pasar. Eso es lo que la meditación continua me ha permitido.

Esa es mi experiencia personal. ¡Si tienes un distinta me encantaría conocerla!

Y si nunca has meditado y un día decides hacerlo, espero que te ayude el saber que meditar no es poner tu mente en blanco.

 

La postura fácil y la aceptación

Hace poco más de un mes, una chica que también practica yoga me dijo: “Para mi la postura fácil no es nada fácil” y las dos reímos “Por fin sé que no estoy sola” le respondí entusiasmada.

Si me preguntan a mi, aún no sé porque le llaman “fácil”. Quizá sea porque no requieres ni calentamiento, ni elasticidad para lograrla; tampoco necesitas tener experiencia previa en Yoga para poder hacerla. Pero, como les compartía hace unos días: después de unos minutos es todo un reto sostenerla.

Cuando ésta chica me hizo ese comentario, yo sentí cierto alivio, pero no demasiado: he cruzado palabra con decenas de personas que practican yoga y ella era la primera que admitía ésto. Así que entre decenas de personas que practican yoga, solamente somos dos chicas que por alguna razón “sufrimos” esta postura.

Después de ésto, se me metió a la cabeza una idea: “Creo que la estoy haciendo mal. No debería de dolerme ni costarme tanto trabajo” y entonces, a veces – en medio de una sesión de yoga – yo abría un ojo y miraba al frente, al lado o al maestro pensando “A ver, ¿como lo están haciendo?” y me movía. Intentaba con el pie derecho adelante, con los pies más cerca de la entrepierna, empujando más las rodillas hacia el piso. Pero aunque la sensación cambiaba, un minuto después me costaba trabajo mantener la postura.

 

no es el dolor

La tortura no es el dolor, si no la mente queriendo que termine.       – Foto de Asif Akbar.

 

“La postura fácil, es bastante difícil de sostener” dijo el maestro al iniciar una clase. Ése día todo cambió. Entendí que el dolor, la incomodidad, las ganas de moverme, el entumecimiento eran parte del proceso; comprendí que no era porque yo lo estuviera haciendo mal.

 

Acepté todas esas sensaciones como parte de la experiencia. Entonces el dolor disminuyó en gran medida, pero además ya solo era eso: dolor. Era un dolor envuelto de paz. Es decir, yo ya no “sufría” al hacer la postura.

 

Entendí que el sufrimiento provenía de mi inquietud por parar el dolor, por hacer la postura “perfecta”: una postura que no duela, que sea fácil, que no incomode, que mis piernas no se entuman, que no me cueste esfuerzo mantener la espalda recta, etc. Una vez que entendí que eso no existía, el sufrimiento se desvanecía.

 

Así, entiendo cómo en muchos aspectos de la vida me he generado sufrimiento justamente por buscar evitar la simple incomodidad que implican las cosas “que no me gustan” o por eliminar el dolor. 

 

Recuerda:
“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”

El año en que no cumplí mis metas

El año que no cumplí mis metas

Missed the goal

Ayer limpié un cajón de mi trabajo y encontré una hoja: el titulo decía “Metas 2015” y contaba con una serie de metas que me había puesto a final del 2014 para cumplir en el trabajo. La leí, repasé, la rompí y la eché a la basura.

Aunque aún quedan dos meses para finalizar el año, tantas cosas han cambiado en la organización, que esas metas ni dependen de mi, ni sigo intentando real izarlas. Así que con un suspiro de melancolía las suelto.

Confieso que la historia no es muy diferente al revisar mis metas y planes personales. La gran mayoría de ellos no los cumplí (ni pienso cumplirlos este año). Aclaro que a medio año yo decidí de forma proactiva abandonar ésos planes para este año. Aún así, admito que por un tiempo esto me causaba tristeza.

Pero haciendo un repaso del año me doy cuenta de algo: ¡éste ha sido un año increíble!

Es verdad: no cumplí la mayoría de las metas que tenía en mente. Pero también es verdad que no tenía en mente  mente casi ninguna de las maravillosas experiencias que he tenido: este fue el año que más he viajado; tuve la oportunidad de conocer personas maravillosas diferentes a mi; inicié un diplomado que me emociona; participé en un tantra blanco; tuve la oportunidad de convivir más con mi familia, mis sobrinos y ¡patinamos sobre el hielo!; y estoy por hacer una adquisición que me emociona mucho.

Y ¡nada de ésto lo tenía en mente! Y ha sido genial.

Es cierto que se siente increíble alcanzar una meta que te has propuesto, saber que aquello que, cuando te propones algo lo puedes lograr. Esa sensación es sorprendente. También es cierto, que no podemos controlar todo: lo inesperado pasará y lo inesperado es increíble.

El truco es detenerte y admirar; darte cuenta de que ha sido increíble. 

Probablemente lo que más me ha costado en los últimos meses ha sido soltar mis propias expectativas acerca de mi vida. Aceptar que no tiene que ser como yo esperaba. Al soltarlas puedo tomar con fuerza lo que la vida sí me ha dado. 

Este ha sido el año en que no cumplí mis metas y ¡ha sido increíble!