Conecta los puntos (parte 2)

Debes de confiar que los puntos se conectarán…

Todos podemos conectar los puntos cuando miramos hacia nuestro pasado y observamos todo el camino que hemos recorrido. Pero no puedes hacer eso con el presente. No podemos ver los frutos que nuestro presente tendrá en el futuro.

Cuando estás en medio de una situación dolorosa, antes de juzgarla como una “mala” experiencia recuerda que en el futuro descubrirás para qué estaba ocurriendo.

No digo que no debas sentir dolor, no digo que no llores. Si te duele, siéntelo; si deseas llorar, llora. Pero mientras lloras trata de mantener esta consciencia: “sé que todo es para bien, aún no sé cómo, pero esto también es para bien”.

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Trata de sostener este pensamiento. Habrá ocasiones en que no puedas, el hábito de juzgar las cosas como malas y generar pensamientos aún más trágicos pueden ser muy fuertes; el hábito de querer entender por qué y para qué pueden ponerse en el camino.

Cuando esto ocurra, vuelve a intentarlo. Una y otra vez. Confía en que todo será para bien.

Confía en tu instinto, en la vida, en tu capacidad para sacarle provecho a la situación y entonces repítete: “Aún no sé cómo, pero esto también es para bien”.

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El corazón sigue al pensamiento

El corazón sigue al pensamiento

Para estar tranquilos, en paz y no reaccionar a lo que nos ocurre o a nuestras emociones es importante poder comprender cómo funcionan nuestras emociones, nuestra mente y con qué herramientas contamos para alcanzar éste objetivo.
Las Emociones

“Muchos nos sentimos culpables por la forma en que nos sentimos” explica Ariel Grunwald en una clase de Kabbalah. Sin embargo, nosotros no podemos controlar la forma en la que nos sentimos. Nuestras emociones, son producto de nuestros pensamientos y consciencia.


El corazón sigue al pensamiento


Sin embargo, debemos tener en cuenta que tampoco tenemos control sobre los pensamientos que nos surgen. Sólo nos podemos hacer responsables de nuestras decisiones: ¿con qué pensamientos nos enganchamos? 
Es decir, somos responsables de la consciencia que inyectamos a cada uno de nuestros actos y decisiones.
Elegir nuestros pensamientos

Este es un proceso automático, por lo que para la mayoría es muy difícil darnos cuenta de que estamos eligiendo pensamientos y ya no hablemos de decidir conscientemente con qué pensamientos engancharnos y cuáles dejar pasar, dejarlos que transiten a través de tu mente sin estacionarse.

Sin embargo, existen herramientas que nos ayudan a mantenernos conscientes de éste proceso y de la calidad de pensamientos que estamos eligiendo. He aprendido dos herramientas sumamente importantes para alcanzar éste objetivo: Respirar y Meditar.
Y probablemente, la base de todo, es la respiración. Ya que para poder iniciar y continuar una meditación, es necesario que seas consciente de cómo estas respirando y cambies esa forma de respirar. 
La respiración
De la respiración profunda y completa, viene la relajación, la calma. Durante una meditación guiada lo primero que hace el guía, es instruir tu respiración. Te indican: inhala, sostén la respiración, exhala.
Esta misma respiración, nos sirve en momentos de estrés: esos momentos en que la emoción nos desborda, nos altera; los pensamientos vienen uno sobre otro y estamos en peligro de actuar a favor de nuestras emociones, pero en contra de nuestra voluntad. En ese momento, detente y date unos segundos para respirar despacio y profundo. 
Si bien es cierto que a cada quien le funcionan cosas diferentes, la única forma de descubrir si te funciona o no es intentarlo.
Respira
A continuación, te dejo las instrucciones para aplicar esa respiración. Inténtalo y observa cómo te sientes al final.
Preparación previa: Siéntate en una postura cómoda, relaja tus brazos y cierra los ojos. Tanto la inhalación como la exhalación debe ser por la nariz. La respiración deberá ser intensa, deberás escuchar tu propia respiración, si hubiera otra persona en la habitación también debería de poder escucharla.
  • Inhala lenta y profundamente, ve sintiendo como el aire pasa por tu nariz hacia los pulmones. Pon tu atención en tu respiración.
  • Sostén unos segundos el aire adentro.
  • Exhala lenta y profundamente, saca todo el aire, mete el ombligo para expulsar el aire que pudiera quedar dentro.
  • Espera unos segundos antes de volver a inhalar.

Repite al menos dos veces más.

Al final relájate y observa cómo te sientes, cómo se siente tu cuerpo y tu mente.
Podrías hacer este ejercicio con calma, todos los días, incluso cuando estás por irte a dormir. Cuando digo que lo hagas todos los días, no se trata de ponerte como objetivo el estar completamente relajado TODO el tiempo, sino formar un hábito, familiarizarte con tu respiración, y así, en aquellos momentos de estrés será aún más fácil utilizar esta respiración.