Ausencia y regreso

La escritura me llama, pero cuando me siento las palabras me faltan.En parte instinto y en parte decisión, me hicieron dejar los proyectos que el año pasado apenas pondría en marcha y con ello, dejé de escribir.

Y es que el cambio que está por venir se siente demasiado grande como para ponerlo en palabras. Así que decidí dejarlo un tiempo: mientras mi cuerpo, mi mente y mi alma se adaptan.

Pero conforme Dante se acerca la escritura me llama.

Quiero intentarlo todo y a la vez nada. Enfocarme en ser la mejor versión que pueda para él. Y al mismo tiempo, no prometer nada. No sé cómo será esta casa una vez que Victor y yo lleguemos con un bebé en nuestros brazos, sé que volveré a escribir,  pero no sé con qué frecuencia, ni en que estaré enfocada.

Lo único que puedo decir por hoy es que la escritura me llama, las palabras me faltan y  Dante se acerca.

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La prosperidad

prosperidad
Hace poco escuché a alguien decir: “Cuando alcanzas la verdadera prosperidad todo lo que necesitas viene a ti en cada momento que lo necesitas,no tienes que pensarlo ni buscarlo.” 
Es importante tomarnos un momento, un respiro; apartarnos de la vorágine que es la vida, esa que nos demanda y nos hace desear una cosa tras otra. Detente y observa la prosperidad en tu vida.
Algunas veces las constantes demandas de la vida, los constantes deseos de superación y crecimiento pueden engañarnos y hacer que nos enfoquemos en la carencia, aquello que “nos falta” tener/lograr. Desde mi punto de vista, aún aquellos que ven carencia tienen una vida próspera, es solo que aún no se han dado cuenta.
Aquello que deseamos no necesariamente es lo que necesitamos, y por lo tanto, la prosperidad no es tener todo lo que deseamos.

CONECTA LOS PUNTOS

Es muy probable que tengas al menos una experiencia que recuerdes de hace 5, 10 o 15 años que en su momento se te hizo difícil y ahora agradeces que te haya ocurrido ¿cierto?

Mirando hacia atrás puedes conectar los puntos en tu vida.

Recuerdo mi adolescencia… cuando por “amor” (o lo que yo entendía como amor) me vertí en cartas y poemas; me esperancé; me desilusioné y lloré. Por amor… estuve (o intenté estar) con personas que no me correspondían.

Un día, me observé a mí misma junto a una persona cuya compañía no disfrutaba. Una persona que me mintió, me trató de engañar y con quien no tenía nada en común.  Apenas lo respetaba y con mucho esfuerzo le toleraba.

¿Cómo es que terminé compartiendo mi tiempo con alguien así? ¿Me habían roto tanto el corazón que estaba dispuesta a quedarme con lo que sea que la vida me pusiera en el camino?

El día que le dije que no lo vería nunca más, fue con una determinación que iba más allá de la relación entre él y yo. Decidí reconectar con mi dignidad como un ser humano completo: un individuo que puede generar su propia dicha.

Aun no tenía todo resuelto, confieso que tenía miedo de “quedarme sola”, quizá ningún otro chico u hombre se volvería a interesar románticamente en mí. Y yo decidí correr el riesgo. Estaba dispuesta a pagar el precio de mi decisión.

Poco después de esa decisión, las cosas cambiaron. Ahora estoy con alguien a quien admiro, en una relación que me inspira a ser mejor.

Hoy conecto los puntos: de adolescente viví mucho dolor por desamor y fue tanto el dolor de no cambiar que decidí cambiar mi patrón de conducta. Decidí estar dispuesta a estar conmigo, quererme y hacerme responsable de mis propios sentimientos. Y lo que construí a partir de esa decisión me permitió crear un nuevo patrón de lo que yo entendía como amor.

Hoy sé que yo no habría aprendido todo esto, si no hubiese sido por esas experiencias dolorosas. Hoy sé que todo eso fue para bien.

Todo es para bien

En la vida, a todos se nos presentan retos. Cada quien tiene retos diferentes, pero todos los tenemos. Y a veces podemos sentir que nos pasan “cosas malas”, cuando éstas no son agradables. Pero ¿realmente lo son?

Si lo piensas… ¿Cuántas cosas maravillosas han ocurrido en tu vida gracias a esas experiencias que llamabas “malas”?

La re-significación de las experiencias 

Piensa en experiencias que, en su momento (hace 5, 10 o 15 años) juzgaste como “malas” y al final, te condujeron a un mejor lugar en la vida.

Para ayudarte con esto, te propongo el siguiente ejercicio:

  • Escribe de dónde vienes (si puedes, llena una página)
    • Si lo deseas enfócate en una experiencia específica.
  • Escribe “Y esto tiene sentido porque…” (después de escribir de dónde vienes)
  • Y escribe cómo esa experiencia te hizo ser quien eres.

Ahora que el dolor se ha ido y estás fuera de la situación puedes ver cómo esa experiencia te hizo ser una persona ________.

Puede ser que te hiciera más fuerte; más sensible; más amable; cariñosa (o); disfrutar el presente; tener más disciplina; disfrutar de tu soledad; valorar a las amistades auténticas; etc.

Si el ejercicio te conduce a una conclusión como ésta, entonces quizá se más fácil entender que todo es para bien.

Y no se trata de decir “lo que no te mata te fortalece”,  de manera trivial; tampoco de ir por la vida como mártir llamando al dolor porque “que al cabo que es para bien”.

Mi objetivo hoy es reflexionar acerca del proceso de transformación al que el dolor nos somete.

El dolor nos ayuda a transformarnos.

Karen Berg dice que las personas cambiamos sólo cuando el dolor de permanecer igual es más grande que el dolor de cambiar.

Pero esto ocurre solo cuando el dolor es acompañado de un sentido de responsabilidad sobre nuestra propia vida, el cual nos conduce a la acción: “ésta situación me causa tanto dolor, que estoy dispuesta a cambiar. Me hago cargo de mi vida, yo cambio, mi situación cambia y el dolor se va.”

Así pues… todo es para bien. Aun las experiencias más dolorosas.

Y tú ¿Qué situación viviste que en su momento juzgaste como mala? ¿qué significado tiene ahora para ti?

Mantente

“Mantente” esta es una palabra recurrente en las prácticas de Yoga. Muchas prácticas implican poco movimiento, algunas veces los ejercicios o posturas varían solamente en la posición de los brazos, la cabeza y la respiración y durante todos ellos debes mantenerte en postura fácil.

Ya les había contado que una postura fácil puede volverse todo un reto, después de varios minutos (cada quien tendrá tiempos distintos) puede doler. Además la mente es veloz e inquieta, así que en la quietud del cuerpo y el entorno los pensamientos agolpan, o “de casualidad” me da comezón en la oreja, la pierna se siente raro, empieza a haber más ruido… en fin. La agilidad de la mente busca que me mueva.

 

Y justo ahí el maestro nos dijo: 
“Mantente, comprométete con algo”.

Y esa frase resonó fuertemente en mi ser.

Y es que no es casualidad que en las sesiones de Yoga, haya momentos de quietud, justamente existen para retarnos (o retar a nuestra mente inquieta), para darnos fortaleza, disciplina, compromiso. Pues éso es compromoterse: mantenerte en el camino que elegiste, sostener tu decisión en los momentos en que ya no es tan fácil.

Así, cuando estás en un ejercicio que empieza a doler, a incomodar o inquietar; cuando el pensamiento te dice que te detengas, cuando su agilidad y astucia te convencen de desistir; solo en ese instante es cuando tenemos la oportunidad de conocer y demostrar nuestro compromiso.

Y al final, estarás satisfecho de

haberte mantenido firme en tu decisión. Una decisión que al final de cuentas ya habías tomado, una decisión que vuelves a tomar una y otra vez, cada que te sientes incómoda.  

Compromiso - Copy

Mantenerte cuando es fácil no es compromiso, es comodidad.

Así pues, yo me mantengo en mi decisión, en mi postura. Y después de eso el dolor disminuye, el sufrimiento desaparece… o no, a veces no.

La postura fácil y la aceptación

Hace poco más de un mes, una chica que también practica yoga me dijo: “Para mi la postura fácil no es nada fácil” y las dos reímos “Por fin sé que no estoy sola” le respondí entusiasmada.

Si me preguntan a mi, aún no sé porque le llaman “fácil”. Quizá sea porque no requieres ni calentamiento, ni elasticidad para lograrla; tampoco necesitas tener experiencia previa en Yoga para poder hacerla. Pero, como les compartía hace unos días: después de unos minutos es todo un reto sostenerla.

Cuando ésta chica me hizo ese comentario, yo sentí cierto alivio, pero no demasiado: he cruzado palabra con decenas de personas que practican yoga y ella era la primera que admitía ésto. Así que entre decenas de personas que practican yoga, solamente somos dos chicas que por alguna razón “sufrimos” esta postura.

Después de ésto, se me metió a la cabeza una idea: “Creo que la estoy haciendo mal. No debería de dolerme ni costarme tanto trabajo” y entonces, a veces – en medio de una sesión de yoga – yo abría un ojo y miraba al frente, al lado o al maestro pensando “A ver, ¿como lo están haciendo?” y me movía. Intentaba con el pie derecho adelante, con los pies más cerca de la entrepierna, empujando más las rodillas hacia el piso. Pero aunque la sensación cambiaba, un minuto después me costaba trabajo mantener la postura.

 

no es el dolor

La tortura no es el dolor, si no la mente queriendo que termine.       – Foto de Asif Akbar.

 

“La postura fácil, es bastante difícil de sostener” dijo el maestro al iniciar una clase. Ése día todo cambió. Entendí que el dolor, la incomodidad, las ganas de moverme, el entumecimiento eran parte del proceso; comprendí que no era porque yo lo estuviera haciendo mal.

 

Acepté todas esas sensaciones como parte de la experiencia. Entonces el dolor disminuyó en gran medida, pero además ya solo era eso: dolor. Era un dolor envuelto de paz. Es decir, yo ya no “sufría” al hacer la postura.

 

Entendí que el sufrimiento provenía de mi inquietud por parar el dolor, por hacer la postura “perfecta”: una postura que no duela, que sea fácil, que no incomode, que mis piernas no se entuman, que no me cueste esfuerzo mantener la espalda recta, etc. Una vez que entendí que eso no existía, el sufrimiento se desvanecía.

 

Así, entiendo cómo en muchos aspectos de la vida me he generado sufrimiento justamente por buscar evitar la simple incomodidad que implican las cosas “que no me gustan” o por eliminar el dolor. 

 

Recuerda:
“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”

Mis Metas suspendidas

Quiero aclarar que aunque éste ha sido el año en que no cumplí mis metas, no quiero decir que abandonar tus metas deba ser algo cotidiano, tampoco creo que uno deba andar por la vida sin convicciones.

Para mi, ha sido un proceso de re-ajuste: evaluación del plan y sus resultados y tomar medidas al respecto.  Al evaluar, lo que estaba buscando me di cuenta de que varias cosas no estaban funcionado. Por ejemplo: yo me sentía abrumada todo el tiempo por las expectativas que yo misma había puesto sobre mi; muchas de las metas dependían de otras personas y no dependían realmente de mi.

 
Y es que, en mi caso, la meta era muy alta y la estrategia demasiado agresiva; ya que me había propuesto que cada decisión que tomara aportara a ésa meta principal. Si algo me atraía pero no aportaba a esa “meta máxima” yo lo descartaba, aún cuando era algo que deseaba y que sabía que sí aportaría a mi vida.

Por este y otros motivos, al evaluar toda esta situación decidí que – aunque lograr tus metas es importante y gratificante – me enfocaría en lo que realmente es importante: disfrutar la vida.

Y para ello, yo necesitaba hacer al menos dos cosas: la primera fue relajar mis planes, suspender mi persecución a metas que (en mi estrategia) no dejaban cabida a nada más; la segunda, re-conectar con las cosas que disfruto hacer (escribir, aprender algo que me gusta, volver a hacer postres). 

Una vez suspendidas las metas, hubo cabida para la re-conexión con mi gozo. Una vez re-conectando con las cosas que disfruto, ocurrió lo grandioso: animarme a escribir un blog, estudiar un diplomado en yoga, descubrir nuevas posibilidades para mi presente y mi futuro.

El día de hoy mis metas están suspendidas; aún las considero una posibilidad. Sin embargo, éste “pequeño” cambio me ha dado otra perspectiva.Y por ello, la Azul de hoy, no está del todo segura de que anhela lo mismo que la Azul de hace un año anheló. 

Aun no sé, hoy sé que mis metas son un buen punto de referencia en el camino, una posibilidad; pero también sé que aferrarme a una meta me limita: las posibilidades son infinitas.

 

Respira…

La respiración, ése acto inconsciente y automático que llevamos acabo a cada instante; no solo es indispensable para nuestra existencia, también, llevada a cabo correctamente puede ser una herramienta para estar tranquilos y relajados. 
Como lo prometí en la entrada anterior, aquí te dejo un ejercicio que te permitirá conocerte, conocer tu respiración y la respiración correcta.
Preparación previa:
Acuéstate sobre tu espalda, con una postura recta (tu cuello alineado a tu columna). Tu espalda baja  debe hacer contacto con el piso (puedes doblar un poco las rodillas y poner los pies sobre el suelo para lograr que la espalda baja también esté en el piso). Recuerda que tanto la inhalación como la exhalación es a través de la nariz.
 
El Área abdominal
Coloca tu mano derecha sobre el área del ombligo y la izquierda sobre la clavícula (un poco más arriba del pecho). Inhala profundamente por tu nariz, lleva el aire hacia la base de los pulmones. Exhala poco a poco. Con tus manos puedes sentir como el área del ombligo se sube (al inhalar) y baja (al exhalar) y el de la clavícula se queda en su lugar.
 
El Área Pectoral
Coloca tu mano derecha en medio de tu pecho. Ahora al inhalar, llena el área media de tus pulmones (en el pecho) y procura no inflar el área del abdomen. Exhala. Inhala, exhala. Siente como se mueve tu pecho hacia arriba y hacia abajo.
¿Notas alguna diferencia? ¿Notas si puedes respirar igual de profundo?
 
El área clavicular
Ahora baja ambas manos al suelo y al respirar únicamente llena la zona superior de los pulmones (entre los hombres y el pecho). Inhala y exhala.
Esta respiración es mucho más superficial y breve que la del área abdominal.
 
La respiración profunda.
Muy bien, ahora, así como estás acostado vamos a incorporar las tres zonas en tu respiración. Con la boca cerrada y relajada inhala y nota como tus pulmones se inflan en el abdomen, luego en el pecho y por último en la clavícula. Exhala poco a poco dejando que se desinfle el área clavicular primero, luego el pecho y por último el abdomen. Mete el ombligo para que exprimas y saques todo el aire.
 
Repite de forma tranquila y relajada y nota cómo se van llenando cada una de las zonas de tus pulmones, cómo tienes una gran capacidad para llenarte de aire y de vida, y cómo tienes una gran capacidad para soltar.
 
 
La importancia de aprender a respirar
Una respiración profunda relaja, calma, estimula la producción de endorfinas y te energiza.
Estar relajado y tranquilo, implica un bienestar mental y emocional. Recuerda: El corazón sigue al pensamiento. Y el pensamiento, sigue a la respiración

La mente sigue a la respiración

El corazón sigue al pensamiento y la mente sigue a la respiración.

El corazón sigue al pensamiento y la mente sigue a la respiración.

Era una de mis primeras clases de yoga, el maestro nos gritaba el nombre de una postura tras otra, yo – novata que era – me sentía confundida, aturdida y toda acalorada y el maestro me decía “¡Respira!… ¡respira!… ¡Si estás respirando no te cansas!” Instrucción que no me servía de nada pues obviamente estaba respirando sino ¿cómo podía seguir viva?
 
Ahora entiendo lo que el maestro me quiso decir, sí estaba respirando, pero no correctamente. ¿Cómo saber si respiro correctamente o no? La única forma que tienes de saber, es seguir las instrucciones de la respiración correcta y observar. Si no lo haces así, tendrás – como yo – que recordarte constantemente e incorporarla poco a poco a tu vida diaria.
 
La respiración correcta
La respiración natural y correcta es relajada, es a través de la nariz y al inhalar sale la panza: el ombligo sale un poco, permitiendo que haya más espacio para el aire que está entrando. El aire abarca todos los pulmones, inflando primera la zona inferior (en el abdomen), luego la del pecho y por último la de la clavícula. Al exhalar, primero se “desinfla” la zona de la clavícula, luego la del pecho y por último la del abdomen, metiendo el ombligo para sacar todo el aire que queda. Si puedes, observa cómo respira un bebé dormido.
Para que puedas observar cómo se llenan cada una de las zonas de los pulmones, éstas son 3: inferior (abdominal), media (pectoral) y superior (clavicular). Más adelante ésta semana estaré compartiendo contigo las instrucciones que te permitirán sentir cada una de éstas zonas y reconocer cómo estás respirando.

La respiración precede a todo: el pensamiento, la palabra, la acción. Por ello, es importante que respiremos correctamente


Recuerda que el corazón sigue al pensamiento, y el pensamiento sigue a la respiración.