La Meditación

No es poner la mente en blanco.

Muchas personas (incluyéndome) antes de haber realizado alguna meditación, piensan o llegamos a pensar que la meditación consiste en poner la mente en blanco. Y es que, probablemente hemos escuchado a muchas personas en los medios de comunicación, diciendo que poner la mente en blanco les ayuda.

Sin embargo, una vez que comienzas a realizar una meditación los pensamientos parecen apresurarse sobre ti a velocidad ilimitada, y “de repente” te encuentras pensando en la lista del mandado.

Meditar

Lo malo de esta creencia de “poner la mente en blanco” son las suposiciones que podemos tener cuando el montón de pensamientos vienen a nosotros, como que algo podría estar mal conmigo o de plano, no estoy “hecho” para meditar.

Qué sí es la meditación

En mi experiencia, la meditación es estar conmigo: ser, sentirme, observarme y estar. Y lo que he alcanzado a través de ella y esa observación (que hago durante la meditación) ha sido aprender a dejar pasar los pensamientos.

Y es que, como dice una maestra,”La mente está hecha para crear miles de pensamientos”. Y yo no soy mi mente, el que un pensamiento pase por mi cabeza no significa que yo tengo que actuar o reaccionar en base a ese pensamiento, tampoco significa que yo tengo que aferrarme a él (y quedarme pensando y pensando en ese tema)… muchos menos significa que yo soy ése pensamiento.

No puedo dejar de pensar.

Los pensamientos van a pasar, van a pasar muchos de ellos, yo no tengo control sobre eso. Pero tengo control sobre mi. Yo decido mantenerme . Decido no moverme cada que un pensamiento me lo pida.

En cualquier momento -durante la meditación, en medio de una conversación, mientras realizo una tarea – podrán venir pensamientos de renuncia, de abandonar la tarea, de olvidar con qué propósito había comenzado. Y yo me mantengo en mi propósito.

Cómo me ha ayudado…

No ignoro mi pensamiento, pero puedo elegir a qué pensamiento prestarle atención y cuál hay que dejar pasar. Eso es lo que la meditación continua me ha permitido.

Esa es mi experiencia personal. ¡Si tienes un distinta me encantaría conocerla!

Y si nunca has meditado y un día decides hacerlo, espero que te ayude el saber que meditar no es poner tu mente en blanco.

 

Mantente

“Mantente” esta es una palabra recurrente en las prácticas de Yoga. Muchas prácticas implican poco movimiento, algunas veces los ejercicios o posturas varían solamente en la posición de los brazos, la cabeza y la respiración y durante todos ellos debes mantenerte en postura fácil.

Ya les había contado que una postura fácil puede volverse todo un reto, después de varios minutos (cada quien tendrá tiempos distintos) puede doler. Además la mente es veloz e inquieta, así que en la quietud del cuerpo y el entorno los pensamientos agolpan, o “de casualidad” me da comezón en la oreja, la pierna se siente raro, empieza a haber más ruido… en fin. La agilidad de la mente busca que me mueva.

 

Y justo ahí el maestro nos dijo: 
“Mantente, comprométete con algo”.

Y esa frase resonó fuertemente en mi ser.

Y es que no es casualidad que en las sesiones de Yoga, haya momentos de quietud, justamente existen para retarnos (o retar a nuestra mente inquieta), para darnos fortaleza, disciplina, compromiso. Pues éso es compromoterse: mantenerte en el camino que elegiste, sostener tu decisión en los momentos en que ya no es tan fácil.

Así, cuando estás en un ejercicio que empieza a doler, a incomodar o inquietar; cuando el pensamiento te dice que te detengas, cuando su agilidad y astucia te convencen de desistir; solo en ese instante es cuando tenemos la oportunidad de conocer y demostrar nuestro compromiso.

Y al final, estarás satisfecho de

haberte mantenido firme en tu decisión. Una decisión que al final de cuentas ya habías tomado, una decisión que vuelves a tomar una y otra vez, cada que te sientes incómoda.  

Compromiso - Copy

Mantenerte cuando es fácil no es compromiso, es comodidad.

Así pues, yo me mantengo en mi decisión, en mi postura. Y después de eso el dolor disminuye, el sufrimiento desaparece… o no, a veces no.

La Postura Fácil

En el Yoga existe una postura a la que le llaman ”

postura fácil“. Se utiliza para la gran mayoría de las meditaciones y para iniciar la práctica (al menos en Kundalini Yoga), ya que beneficia la concentración.

Ejemplo de postura fácil

Como pueden ver en la imagen, la postura es sumamente básica y sencilla, cualquiera la puede hacer. Incluso es probable que cuando tú te sientes en el piso, justamente cruces las piernas de esa manera.

Cómo se hace:

  • Siéntate en el suelo.
  • Cruza las piernas.
  • Si puedes: coloca un pie debajo de la rodilla opuesta, y el pie que quedó extendido llévalo debajo de la otra rodilla. 
  • Cuida que tu columna esté alineada.
  • Descansa las manos sobre las rodillas.

Qué ayuda:

  • Presiona un poco la espalda baja hacia adelante. Pero, sólo un poco. Esto te ayudará a mantener la espalda alta recta.
  • Usar un cojín alto. Si tus rodillas no bajan tanto, esto puede ayudar a que tu cadera quede a una altura más cercana a la de las rodillas.
El reto

Simple de hacerse, ¿no? Sin embargo, después de unos segundos o minutos (según el aguante de cada quién), la postura ya no se siente tan “fácil”, se vuelve todo un reto mantener las piernas en la postura, la espalda recta y la cabeza alineada (que no se haga para atrás ni para adelante).

Puedes llegar a sentir en tus piernas: temblor, entumecimiento o un hormigueo. Quizá un poco de dolor en la espalda y cansancio. Puede ser porque no estás acostumbrado a estar sentado de esa forma o mantener la espalda recta.

Así que si haces Yoga o meditación y experimentas cualquiera de éstas incómodas sensaciones, ya sabes que todo esto es normal y simplemente es cuestión de práctica para que tu cuerpo poco a poco se acostumbre.

Si tú haces Yoga dime… ¿llegaste a sentir alguna de estas sensaciones?

El corazón sigue al pensamiento

El corazón sigue al pensamiento

Para estar tranquilos, en paz y no reaccionar a lo que nos ocurre o a nuestras emociones es importante poder comprender cómo funcionan nuestras emociones, nuestra mente y con qué herramientas contamos para alcanzar éste objetivo.
Las Emociones

“Muchos nos sentimos culpables por la forma en que nos sentimos” explica Ariel Grunwald en una clase de Kabbalah. Sin embargo, nosotros no podemos controlar la forma en la que nos sentimos. Nuestras emociones, son producto de nuestros pensamientos y consciencia.


El corazón sigue al pensamiento


Sin embargo, debemos tener en cuenta que tampoco tenemos control sobre los pensamientos que nos surgen. Sólo nos podemos hacer responsables de nuestras decisiones: ¿con qué pensamientos nos enganchamos? 
Es decir, somos responsables de la consciencia que inyectamos a cada uno de nuestros actos y decisiones.
Elegir nuestros pensamientos

Este es un proceso automático, por lo que para la mayoría es muy difícil darnos cuenta de que estamos eligiendo pensamientos y ya no hablemos de decidir conscientemente con qué pensamientos engancharnos y cuáles dejar pasar, dejarlos que transiten a través de tu mente sin estacionarse.

Sin embargo, existen herramientas que nos ayudan a mantenernos conscientes de éste proceso y de la calidad de pensamientos que estamos eligiendo. He aprendido dos herramientas sumamente importantes para alcanzar éste objetivo: Respirar y Meditar.
Y probablemente, la base de todo, es la respiración. Ya que para poder iniciar y continuar una meditación, es necesario que seas consciente de cómo estas respirando y cambies esa forma de respirar. 
La respiración
De la respiración profunda y completa, viene la relajación, la calma. Durante una meditación guiada lo primero que hace el guía, es instruir tu respiración. Te indican: inhala, sostén la respiración, exhala.
Esta misma respiración, nos sirve en momentos de estrés: esos momentos en que la emoción nos desborda, nos altera; los pensamientos vienen uno sobre otro y estamos en peligro de actuar a favor de nuestras emociones, pero en contra de nuestra voluntad. En ese momento, detente y date unos segundos para respirar despacio y profundo. 
Si bien es cierto que a cada quien le funcionan cosas diferentes, la única forma de descubrir si te funciona o no es intentarlo.
Respira
A continuación, te dejo las instrucciones para aplicar esa respiración. Inténtalo y observa cómo te sientes al final.
Preparación previa: Siéntate en una postura cómoda, relaja tus brazos y cierra los ojos. Tanto la inhalación como la exhalación debe ser por la nariz. La respiración deberá ser intensa, deberás escuchar tu propia respiración, si hubiera otra persona en la habitación también debería de poder escucharla.
  • Inhala lenta y profundamente, ve sintiendo como el aire pasa por tu nariz hacia los pulmones. Pon tu atención en tu respiración.
  • Sostén unos segundos el aire adentro.
  • Exhala lenta y profundamente, saca todo el aire, mete el ombligo para expulsar el aire que pudiera quedar dentro.
  • Espera unos segundos antes de volver a inhalar.

Repite al menos dos veces más.

Al final relájate y observa cómo te sientes, cómo se siente tu cuerpo y tu mente.
Podrías hacer este ejercicio con calma, todos los días, incluso cuando estás por irte a dormir. Cuando digo que lo hagas todos los días, no se trata de ponerte como objetivo el estar completamente relajado TODO el tiempo, sino formar un hábito, familiarizarte con tu respiración, y así, en aquellos momentos de estrés será aún más fácil utilizar esta respiración.